Mi problema con la procrastinación

procrastinar

La definición de esta palabra es tan desagradable para mí como su propio sonido. Decir que soy una “procrastinadora” suena mal… quizás peor de lo que realmente signifique… Debe ser ese doble sonido de la “c” con la “r”, yo qué sé…

¿Qué significa procrastinar?

Procrastinar es elegir no hacer algo que toca hacer en el momento, teniendo en mente que lo haremos otro día. El problema no es hacerlo, por ejemplo, al día siguiente, pues aquí estaríamos hablando de posponer algo, sino que, al día siguiente, también diremos que lo haremos otro día. Es como el típico cartel de bodeguita latinoamericana de pueblo “hoy no fío, mañana sí”… mañana parece no llegar nunca.

Como padezco crónicamente de este mal, he decidido ventilar el problema por aquí, porque dicen los psicólogos, que reconocer un problema y hablar de él es el primer paso. Respecto a mi procrastinación, ya me haré cargo de ella mañana… Mentira, es broma.

Lo cierto es que lidiar con esto me afecta tanto a mí como a los que conmigo conviven -cualquier alusión a Antonio, es pura coincidencia-. Algo tan simple como sacar la basura o llenar la jarra de agua a diario, se convierte para mí en misión imposible.

O bien no pienso en ello, o pienso en hacerlo y luego se me olvida, lo recuerdo y digo que lo haré más tarde, y un largo etcétera de pensamientos que, sabemos, no van a pasar a la acción… nunca.

Pero, ¿qué tiene de complicado para mí hacer estas tareas? ¿Acaso no soy una persona que hace cosa más difíciles que esta en su día a día y que, además, no es perezosa? Si hasta tengo dos trabajos, un perro y ¡una hijaaaaaa! Buenos, quizás se me ha pasado la mano, pero está bien que uno se haga cumplidos a sí mismo.

Sabrina Tortora

¿Por qué procrastinamos?

Lo cierto es que la procrastinación no es lo mismo que la pereza… Cuando paso para otro día lo que debería hacer hoy, contrariamente a lo que aconseja el dicho (odio los dichos, así que qué más da), lo hago por varios motivos:

-Porque lo quiero hacer muuuuy bien: no solo sacaré la basura y llenaré la jarra de agua, sino que limpiaré la casa y la dejaré tan ordenada que será irreconocible para sus habitantes.

-Intento proponerme ser más eficiente haciendo menos. Sí, lo admito, lo habré leído en algún post de autoayuda. Pienso que mañana habrá que volverla a sacar, y pasado mañana también, así que ¿por qué no dejar que se acumule un poco y luego hacerlo de un tirón?

-Hago un largo ejercicio de introspección y, concluyo, sacar la basura es un acto fútil. Me pongo nihilista y me digo a mí misma: “mí misma: tu existencia no puede reducirse a actividades tan superficiales como las domésticas”. Siento la necesidad de hacer algo más elevado, leer, ver un documental sobre la correcta clasificación de desechos, ¡escribir mi propio libro! Luego pienso que todo eso es mejor opción que sacar la basura, y me propongo empezar… otro día. Entonces voy a la cocina, busco chocolate, y me olvido del asunto.

Bromas aparte, ser así solo te trae problemas. Desespero a los demás que creerán que soy una especie de mitómana que dice hacer algo que no hará nunca, y termino sintiéndome mal conmigo misma. De hecho, esto no solo reduce mi eficiencia sino que hace que me ponga ansiosa y me sienta culpable por ser así.

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“Hecho: sabes que estás procrastinando cuando comienzas a ver memes sobre procrastinación”. Fuente someecards

¿Cómo dejar de procrastinar?

Lo que más me funciona, hasta ahora, es tan obvio que casi me resulta tonto escribirlo. Se trata de hacer algo, aunque sea una pequeña acción que me saque de la espiral de inacción. Por suerte hago muchas cosas durante el día y no estamos hablando de una inacción total (que sería una verdadera depresión).

No procrastino en el trabajo ni -afortunadamente- en el cuidado de mi hija, por ejemplo. Pero si llevo 5 meses de calendario sin sacar la basura como a veces me recuerda… alguien, lo mejor será sacarla en ese momento. Si me propongo hacerlo en unas horas cuando me toque pasear al perro (y Productor Ejecutivo de nuestro canal de YouTube Preguntas Incómodas), lo más probable es que luego me encuentre en la calle tan contenta con el perro… y sin la basura. ¿Será que la saco mañana?

Si también sufres de este mal con nombre tan feo, no dejes de comentarlo por aquí o en nuestro Twitter. Ten por seguro que te leeré y me sentiré igual de culpable pero, por lo menos, acompañada.